miércoles, 4 de febrero de 2015
Necesito.
Una zambullida, una charla, una caminata. Sólo eso.
Como un padre que no regresó,
como una abuela que precisa dar su último abrazo antes de morir.
Como la bronca de contemplarte a través de una vacía pantalla.
Así te siento.
Vos sola entendés que no quiero recorrerte cual turista.
Necesitaba oler tus pasos de joven audaz.
Nadie lo entiende, que se burlen, a mí sólo me queda mi pluma impotente.
viernes, 17 de octubre de 2014
Un viernes, Negro.
Es fin de semana y la muerte absurda ronda el ambiente
La sensación es de bronca y recuerdo.
Tu nombre vociferado en cada marcha,
Tu hermana esperando que regreses cada día,
Hoy ya no te espera.
Un eslabón más de la cadena injusta.
Mientras algunos cenan banquetes felices,
Cuentan sus desgarradoras historias “inseguras”
Frente a sus narices, hostigan a otros tantos como vos.
Te matan por ser pobre,
Te obligan a robar y luego te desaparecen,
Sin embargo, aquellos piden más asesinos
Que cuiden su propiedad, de los Lucianos.
Nos dicen que la represión es cosa del pasado.
Nos mienten en la cara.
Y a vos, en el cuerpo.
17 años tenías, y un 17 te encontramos.
La consigna era con vida.
Pero los de arriba, y sus perros guardianes,
Son sordos.
Nuestra voz, se multiplicará
Y se hará justicia
LUCIANO ARRUGA, PRESENTE
AHORA Y SIEMPRE.
viernes, 5 de septiembre de 2014
Desvelo.
Los ojos como un búho
alumbran una noche que no muere.
Las horas pasan, y no hay respuesta
mas justa que el olvido.
Envidió el último respiro
que la penetró en la profundidad noctámbula.
Su día no tendrá descanso,
pero por lo menos aquí encontró
el remanso de escribir
sin el desparpajo rutinario.
Entregó la vida, a las noches vacías,
que despertarán las penas,
de los que no supieron conquistar.
Hoy el reloj la hizo descubrir.
El insomnio es producto de la consciencia
obligada a ignorar.
Sabiendo que dormida o no deberá imponerse,
sobre el deseo expectante de lo efímero.
miércoles, 6 de agosto de 2014
La vida es luchar.
Una inmensa tristeza nos recorre el cuerpo,
la conmoción cruza generaciones, y fronteras
por no quererlo caído.
Cada uno de nosotros vale trincheras,
forjadas por el combate diario,
pata fundamental para poder hablar de cambios.
Como bien dijo un respetado camarada,
no se es revolucionario, sin humildad,
y esa es una evidente característica en él.
Es complicado describir lo que uno siente
cuando un camarada lucha.
Nos une el sueño común de transformar la vida,
por eso el bastón del Gendarme nos duele desde Ushuaia a La Quiaca,
por eso, cuando la clase se prepara para dar batallas, de este a oeste tensionamos los músculos,
por eso podemos hacernos grandes amigos aún a la distancia.
Podremos no haber cruzado miradas nunca,
pero tener un objetivo colectivo,
hace que para salvarlo nos una la necesidad de donar hasta la piel,
cualquier órgano que indiquen.
Cuentan por todos lados que su risa contagia,
que sus historias convencieron a nuevas generaciones de obreros
que hoy son capaces de
con el corazón auxiliarlo, y con el puño,
al patrón arrebatarlo.
Esperamos que la fuerza que estamos forjando,
llegue hasta lo más profundo de tu corazón,
y te recuerde que no abandonar es tu legado.
La vida es hermosa, dijo Trotsky,
y por eso tus compañeros,
necesitamos codos como el tuyo, para llegar a liberarla y disfrutarla.
Fuerza Pollo!
sábado, 26 de julio de 2014
Hablamos de revolución.
Es un compromiso,
que no se puede practicar
en la comodidad.
Al contrario,
se trata de desacomodar
las líneas del capital.
Desprenderte del antifaz,
observar a tu alrededor.
Jóvenes de tu edad sin palpitar,
Niños, sin techo donde abrazar,
Viejos flacos sin paladar.
La utopía es pensar que el cambio es
individual,
sé consciente que te propones dar
vuelta el mundo,
comienza a derribar la impostura
conceptual.
Martilla el muro de lo individual,
desapegate de lo material, no es
moral,
se trata de ahondar y desde allí
poder imaginar.
Cuando no tengas qué compartir,
mírate y escribí algunas oraciones
¿te lo imaginas sin propiedad?
Sumérgete en la profundidad,
del sofocón, verás nacer
un vómito odioso a lo banal.
En una sociedad donde el dinero
establece quienes pueden soñar,
los revolucionarios entendemos que
en una charla
en una batalla
en una mirada
podemos trasladarnos a aquel universo.
Donde poder mirar las estrellas durante
horas,
no sea un evento donde otros son los
protagonistas.
Conoceremos el mundo,
te lo prometo,
al principio no viajaremos por ocio,
el objetivo será el ideal.
Crecemos viendo como se desmorona el
alrededor,
pero muy a su pesar
pudimos encontrar la igualdad,
que nos hizo hermanarnos en la
necesidad
de revolucionar los poros,
formando la trinchera para
fantasear
aquella batalla donde los de
arriba nos verán ganar.
Hablamos de revolución porque podemos
cambiar, e imaginar.
-Para M., quien me enseño a volar-
domingo, 20 de julio de 2014
Deseo árbol (la piedra II)
Al otro lado del dique
sobrevolaban sueños,
no comunes.
Construidos en nombres propios,
sobre hojas que de vez en cuando
soltaba un nuevo arbusto.
El viento decidió soplar por allí,
seguía empecinado
en un sordo diálogo.
Se refugió en un frondoso árbol,
descubrió su olor,
saboreo la saliva de sus flores.
Rasgó un pedazo de corteza,
y tembló cuando lo sintió respirar
por un corto tiempo.
Conociendo tal paisaje,
sin nada más apasionante
decidió enredarse.
Al verlo crecer se convenció:
Su soplar lo enternecía,
Se re descubría.
Con la erosión y algún oxígeno
construyeron un ecosistema
que sólo resultaba atractivo para la
fotosíntesis.
La foto era circunstancial,
enmarcada en un hueco
ocupado en ocultar la síntesis.
Necesitaba volar en un profundo
planeta,
recobrar fuerzas para un nuevo
terremoto.
Mientras se alejaba,
pensó cuál fue la raíz que lo
asesino.
Entendió.
Por más que exista un bello paisaje,
los viejos árboles se vacían con el
tiempo.
Intento transformar la piedra,
Deseo palpar el árbol,
¿Será tan necio de intentar con la
montaña?
sábado, 12 de julio de 2014
La piedra
El viento intenta barrerla,
esfuerzo efímero
descubierto en el desierto.
Aquella vez,
logro con los dedos
rozarla.
Pudo descifrar la arenilla
que dejo en su palma,
ya gastada de tanto frotarla.
Sacúdeme allí abajo,
que me gusta,
creyó oir.
No era lo que el aire necesitaba,
intentaba que el tsunami
surja de ella, y no al revés.
Tuvo que soplar
con mas fuerza,
entendiendo que así lograría
transformarla
en rubí.
La lluvia apareció
y calmo las aguas
de la humanidad.
Siempre que llovió
paró,
y tuvo que volver a intentar.
Nuevamente sin obtener
resultados,
la vió crecer y trasformarse en muro.
Entendió que en el proceso,
apareció otra de su especie,
y por eso lograron fusionarse.
Fue allí que comprendió
el porqué.
Entre ellas
hablaban el mismo idioma vacío
que les impidió
palpitar,
sentir,
amar,
el suave olor de la primavera,
que transcurría
al otro lado del dique.
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